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Viaje al reino más chico del mundo

by Yuniet Blanco Salas

En el litoral nororiental de Cerdeña y a mitad del trayecto entre la costa Esmeralda y el cabo Coda Caballo, nos topamos con una pequeña isla apodada Tavolara que da nombre al archipiélago del mismo nombre.

Un monumental e imponente macizo con forma de pico y medio kilómetro de elevación nos da la bienvenida a un pequeño territorio con una tremenda historia que nos permitirá introducirnos en el maravilloso mundo del “reino más pequeño del mundo”.

La isla de Tavolara se sitúa en una antigua intersección de rutas marítimas que coincidían aquí antes de llegar en el puerto de Olbia. El fuerte traslado soportado por estas aguas nos ha dejado en sus profundidades los restos de algunos pecios y muchos objetos arqueológicos, tornando la zona en un espacio de gran inclinación para los submarinistas.

Las pinturas rupestres de la gran cueva de la Punta del Papa o la zona arqueológica de la Edad del Cobre de Punta Spalmatore, dan testimonio de que este lugar ha sido habitado o concurrido temporalmente desde tiempo remotos, como sucedía en época romana, en el último caso, para el beneficio pesquero.

El archipiélago constituía antiguamente, al igual que otras islas de esta área de Cerdeña, una alternativa temporánea para el pastoreo del ganado, pero el arribo a la isla de Giuseppe Bertoleoni, a principios del siglo XIX, dio un giro al destino de este pequeño reino frente a las costas de Cerdeña.

Éste, escapando de Córcega – tal vez por ser bígamo, al ser indebido en aquella época -, reubicó al poco tiempo de su llegada a su familia en la isla y emprendió una vida consagrada a la pesca, la agricultura y el pastoreo.

Según cuenta la historia, en 1836 arribó a Tavolara el rey Carlos Alberto de Saboya buscando las famosas cabras salvajes de dientes de oro que pastaban allí – en verdad matizados a causa de su alimentación -. Luego de conocer a Giuseppe y su familia y compartir con ellos en varias oportunidades, parece ser que distinguió su derecho genuino a la propiedad de aquel pedazo de tierra emergida, llegando a ser, años más tarde, su hijo mayor, Paolo, rey de Tavolara.

Otra versión de la historia asevera que en realidad Giuseppe consiguió una jurisdicción real, pero, en cualquier caso, posteriormente la isla quedó al margen de la postrera unificación de Italia. Tras volverse república a fines del siglo XIX, luego de morir Paolo, y volver a cambiar a una monarquía años después, su soberanía volvió a ser confirmada, esta vez por Víctor Manuel III.

Aunque hoy en día Tavolara corresponde a Italia, nunca ha sido legalmente añadida al país, por lo que está calificada popularmente como “el reino más chico del mundo”.

Si bien la isla tuvo en el pasado más paisanos descendientes de la familia Bertoleoni, en este momento sólo un pequeño grupo de personas conforman del reino. El rey de Tavolara, Tonino, es el dueño del restaurante “Da Tonino”, y suele hacer el papel de anfitrión en la isla.

Las visitas que llegan hasta allí desde la ribera de Cerdeña se quedan boquiabiertos ante el gran volumen de medio kilómetro de altura sobre el nivel del mar que conforma gran parte del contorno de Tavolara. Es habitual hallar grupos que llevan a cabo un itinerario de seis kilómetros, desde la playa de Spalmatore hasta la cima de este macizo en la Punta Cannone, con el fin de poder observar las impresionantes vistas que se consiguen desde allí arriba.

Los cortos cinco kilómetros de largo y uno de ancho de la isla, de los que una buena fracción tiene el paso restringido al estar circunspecta al uso militar, acogen un pequeño puerto, un conjunto de casas en la parte oriental y el magnífico espacio que dispone la punta de Spalmatore.

Mientras, 15000 hectáreas de océano y unos 40 km de región costera constituyen el Área Marina Preservada de Tavolara Punta Coda Cavallo, constituyendo parte de ella todo el archipiélago de Tavolara.
Un área natural de gran riqueza en el que sobresalen las praderas de Posidonia Oceánica, la presencia de delfines y las distintas especies de peces que hacen de éste un escenario ideal para los amantes del submarinismo.

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