Hay restaurantes donde lo que menos importa es el menú. Se llega por una pasarela sobre el mar, en un funicular que baja por un acantilado o por una escalera que sube a las ramas, y el lugar mismo se vuelve el plato principal.
Son sitios caros y concurridos, pero también la prueba de que cenar puede ser una aventura y no solo una reserva. Estos cinco restaurantes demuestran hasta dónde puede llegar el ingenio, y la valentía, de quienes ponen las mesas.
1. Grotta Palazzese, Polignano a Mare (Italia)
La terraza ocupa una cueva natural de piedra caliza, a unos 25 metros sobre el mar Adriático, y ya hacia 1700 se usaba para banquetes de la nobleza local.
El comedor abre de mayo a octubre y su cocina se basa en productos de Apulia, con pescados y mariscos frescos. Los precios son altos y conviene reservar con anticipación.
2. The Rock, Zanzíbar (Tanzania)
Está encaramado sobre una roca en el océano Índico, en la playa de Michamvi Pingwe. Es un local pequeño, de apenas 12 mesas, que fue una cabaña de pescadores y se especializa en mariscos, con langosta y cigalas como especialidad.
Con marea baja se llega caminando, y con marea alta, en un pequeño bote, algo que forma parte de la gracia.
3. Rock Bar, Ayana, Bali (Indonesia)
Se baja desde el complejo de lujo mediante un funicular que desciende por el acantilado hasta unas rocas a unos 14 metros sobre el océano Índico.
Hay mesas, cócteles servidos en copas encajadas en piedra y tapas en platos de roca, con el sol hundiéndose en el horizonte. Es muy popular, así que las filas son largas, sobre todo al atardecer.
4. The Treehouse Restaurant, Alnwick Garden (Inglaterra)
En el norte de Inglaterra, dentro del jardín de Alnwick, una gran casa del árbol de madera funciona como restaurante, con pasarelas colgantes que conectan sus salas entre las copas.
Abre para el almuerzo, y al caer la tarde las luces decorativas le dan un aire de cuento. Es una opción más accesible y tranquila que los otros lugares de la lista.
5. Treepod Dining, Soneva Kiri, Koh Kood (Tailandia)
Una cápsula suspendida en la copa de un árbol, en el bosque de una isla tailandesa, sirve cenas con vista a la selva y al mar.
La comida llega hasta ahí en una tirolina, y la experiencia forma parte del resort, que conviene consultar con tiempo. Cenar a esa altura, rodeado de hojas, compensa el esfuerzo de llegar a una isla tan alejada.




