Pocas cosas cambian tanto un viaje como el silencio de un lugar sin motores. Sin bocinas, sin semáforos y sin estacionamientos, el ritmo se vuelve otro: se camina más, se mira más y se llega a los sitios sin prisa.
Algunas islas del mundo lo convirtieron en regla, y hoy esa ausencia de autos es precisamente lo que atrae a los viajeros. Estas cinco islas demuestran que moverse despacio también puede ser la mejor parte del viaje.
1. Hidra, Grecia
En esta isla del mar Egeo los vehículos motorizados están prohibidos, con excepciones muy puntuales como camiones de basura, ambulancias, bomberos y los taxis acuáticos que unen sus calas.
Las personas y las mercancías se mueven a pie, en burros, mulas o carruajes tirados por caballos. Caminar por sus senderos costeros hasta bañarse en alguna cala resume bien el plan.
2. Isla Mackinac, Michigan (Estados Unidos)
Aquí los autos están prohibidos desde 1898, cuando un coche asustó a los caballos del lugar; la medida se extendió al resto de la isla dos años después.
Se recorre en bicicleta, en carruaje o a pie, y cerca del ochenta por ciento del territorio forma parte de un parque estatal. Se llega en un ferry de unos veinte minutos, y en invierno puede quedar aislada cuando el hielo interrumpe el servicio.
3. Lamu, Kenia
En esta isla del océano Índico el burro sigue siendo el principal medio de transporte, y a ella se llega en barco. Su casco antiguo es uno de los asentamientos suajilis más antiguos y mejor conservados de África oriental, y está declarado Patrimonio de la Humanidad.
Pasear entre callejones estrechos, sin tráfico ni bocinas, ofrece un silencio muy poco común en el continente.
4. Sark, Islas del Canal (Reino Unido)
A esta diminuta isla del canal de la Mancha solo se llega en ferry o en barco. Sus aproximadamente seiscientos habitantes y quienes la visitan se desplazan en bicicleta, en carruajes tirados por caballos o a pie, y los tractores completan el transporte de carga.
Las bicicletas motorizadas se reservan para personas con discapacidad. Dos o tres días caminando por sus acantilados bastan para entender su encanto.
5. Ilha Grande, Brasil
Frente a la costa del estado de Río de Janeiro, esta isla no permite autos, y se llega únicamente en barco. Los desplazamientos se hacen caminando por senderos de selva atlántica que conducen a playas casi desiertas, o en pequeñas embarcaciones que conectan distintos puntos de la isla.
Es un destino pensado para quien quiere desconectar y mover las piernas.




