La provincia de Alicante se ha ganado a pulso su fama de paraíso de calas escondidas, aguas turquesa y acantilados de postal. Más allá de las playas urbanas, aquí se esconden rincones donde el Mediterráneo todavía se siente casi salvaje. Algunas calas exigen caminar por senderos de tierra o bajar escaleras eternas, pero la recompensa suele ser una lámina de agua clara rodeada de roca y verde.
En 2026, con la Costa Blanca más de moda que nunca, elegir bien qué cala visitar puede marcar la diferencia entre un día normal de playa y una experiencia que se queda en la memoria. Estas cinco calas son una buena puerta de entrada para entender por qué Alicante enamora tanto a quien viaja buscando mar.
1. Cala Granadella (Xàbia)
Cala Granadella aparece una y otra vez en listas de las mejores calas de España y no es casualidad. Es una pequeña bahía de canto rodado, abrazada por acantilados cubiertos de pinos y bañada por un agua tan transparente que se ve el fondo incluso cuando ya cubre. Llegar temprano es clave para encontrar espacio y aparcar con calma, sobre todo en verano, porque su fama hace que se llene rápido.
Es un lugar ideal para quienes disfrutan haciendo snorkel y observando peces alrededor de las rocas. También es buena base para alquilar kayak o paddle surf y alejarse un poco de la orilla, siguiendo la línea de costa. Aunque ya no es un secreto, sigue conservando ese aire de cala recogida donde el azul del mar parece más intenso que en otros puntos de la costa.
2. Cala del Moraig (Benitatxell)
La cala del Moraig combina espectáculo geológico y baño de postal. Está encajada entre paredes de roca caliza y se accede por una carretera que serpentea montaña abajo, ofreciendo vistas abiertas del Mediterráneo antes de llegar al aparcamiento. Una vez en la playa, el protagonista absoluto es el contraste entre los tonos naranjas de los acantilados y el azul profundo del mar.
Uno de sus rincones más fascinantes es la Cova dels Arcs, una formación rocosa que parece una puerta natural al mar y que muchos visitantes usan como marco para fotos y pequeños chapuzones. El agua es limpia y con algo de profundidad, así que conviene ir preparado para nadar más que para chapotear. Es una cala que se disfruta especialmente fuera de las horas centrales del día, cuando la luz resalta las texturas de la roca.
3. Cala Portitxol / La Barraca (Xàbia)
Cala Portitxol, también conocida como La Barraca, es de esas calas que se reconocen al instante por sus casitas blancas de pescadores a pie de mar. Frente a la orilla se ve la isla del Portitxol, que añade un punto escénico a cualquier foto y sirve de referencia cuando miras al horizonte. La playa es de piedra, así que unas buenas sandalias de agua hacen la experiencia mucho más cómoda.
El ambiente aquí mezcla familias, parejas y grupos de amigos que se quedan todo el día, saltando al agua, descansando en las tumbonas o comiendo en los chiringuitos que se instalan en temporada. Cuando cae la tarde, la luz se vuelve más suave y la cala gana un aire casi cinematográfico, con las barcas varadas y las fachadas blancas teñidas de tonos dorados. Es uno de esos lugares donde el Mediterráneo se siente cercano y humano.
4. Cala Ambolo (Xàbia)
Cala Ambolo es, para muchos, la imagen de cala salvaje en la Costa Blanca. Rodeada de acantilados y vegetación, y con vistas al Cabo de la Nao, ofrece un entorno de agua clara y sensación de aislamiento difícil de encontrar en otros puntos más urbanizados. Tradicionalmente ha sido una cala donde el baño naturista es habitual, así que conviene tenerlo en cuenta si te decides a visitarla.
El acceso ha sufrido restricciones por riesgo de desprendimientos en distintos momentos, por lo que es importante informarse antes de ir, pero como idea de cala espectacular de la zona merece estar en cualquier lista. El simple hecho de observarla desde los miradores cercanos ya deja claro por qué muchos la consideran una de las joyas de la costa de Xàbia. Es un recordatorio de que, incluso en una provincia tan turística, todavía quedan rincones donde la naturaleza manda.
5. Cala del Racó del Conill (La Vila Joiosa)
Escondida entre acantilados bajos y vegetación mediterránea, la cala del Racó del Conill es un pequeño refugio de roca y agua transparente muy cerca de zonas más concurridas. Su nombre aparece cada vez más en recomendaciones para quienes buscan calas tranquilas y con ambiente relajado. El acceso incluye un tramo de camino que ayuda a filtrar un poco la afluencia, sobre todo en comparación con playas urbanas de la zona.
El mar aquí suele estar muy claro, lo que la convierte en buen lugar para hacer snorkel y observar el fondo rocoso y la vida marina. El ambiente es tranquilo y, en ciertas zonas, también es habitual el baño naturista, de nuevo algo a considerar antes de ir. Es una cala que demuestra que incluso cerca de grandes núcleos turísticos es posible encontrar rincones donde el ritmo baja y el Mediterráneo se disfruta con calma.




